sábado, 31 de marzo de 2012

Una Semana Santa más en Granada

Las tradiciones se van sucediendo a lo largo de los años provocando que la secuencia de los hechos sea como fue tiempo ha, cual paso del agua de río por el mismo cauce produce profundos y serpenteantes valles. Una de las más significativas en Granada es sin duda alguna la Semana Santa.

Diferentes escenas se completan de forma repetitiva para perfeccionarse, formando parte del carácter de la ciudad y su provincia. Abarcan terrenos diferentes, desde el artístico y cultural al gastronómico, conformando una época en la que realmente puede dar la sensación de que no ha pasado el tiempo.

Jesús Cautivo con la torre de la Catedral de fondo

Pero sin duda alguna que lo más importante y lo que sigue siendo eje central de lo ocurrido en estos ocho días, es sin duda la representación pública de la religión y la fe de las personas que conforman las diferentes hermandades de la ciudad, que han ido incrementando su número a lo largo de los siglos hasta llegar en la actualidad a treinta y dos. Saldrán cada día, ordenadas según establecen los horarios oficiales, cumpliendo un itinerario concreto hasta llegar a realizar estación de penitencia en la Santa Iglesia Catedral de Granada.

Candelabro de guardabrisas y manto de paso de palio

Las primeras cofradías de penitencia surgen como decía en el siglo XVI, más tarde que en otros lugares, pero no es de extrañar ya que este territorio sería el último en conquistarse y por tanto, el último en asimilar el cambio de religión tras siete siglos de dominación musulmana. A partir de ese momento se suceden muchos y diversos episodios históricos que influirán decisivamente en la consecución o no de la Semana Santa, como por ejemplo la dominación francesa o la desamortización del periodo liberal (s. XIX).

Será el siglo XX el más decisivo en lo relativo al número de cofradías de penitencia, con alguna interrupción causada por el periodo de Guerra Civil, llegando a consolidarse a finales de los años 1970s y principios de los 80. Hoy día se tiene en Granada un buen número de hermandades que completan cada día de la semana diversas escenas únicas en su calidad artística y paisajística, con entornos en los que se fusiona el arte nazarí con la imaginería barroca más importante del mundo.

Cristo del Silencio de José de Mora con la Alhambra al fondo.
Fotografía: Luis Serrano

Y este es otro de los aspectos interesantes de esta época, pues se disfrutan en las calles auténticas joyas escultóricas talladas por maestros como José de Mora, Pedro de Mena, Jacobo Florentino o José Risueño. Sin duda alguna obras de arte que en su concepción fueron creadas para procesionar por las calles y sirvan para representar de la mejor forma posible los diferentes episodios de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, con la finalidad evangelizadora sobre fieles que comprenderían mejor de esta forma lo que dicen las Escrituras.

Pero también supone la transformación de otras costumbres como la gastronomía, consecuencia de las imposiciones de la ausencia de la carne en la vigilia marcada como obligatoria en la Cuaresma y por supuesto en los días de Semana Santa, surgiendo platos que tienen como protagonistas elementos como el pescado y legumbres. Podremos encontrar platos como: Bacalao con tomate, Puchero de hinojos, Sopa de Escarola con almendras, etc. Como añadido, un gran surtido de dulces que se realizan con especial cuidado en los hogares granadinos, como son: las torrijas, los pestiños, roscos fritos, leche frita y empanadillas.

Sin duda se produce un ambiente muy especial, en el que la primavera se oficializa en la ciudad con olores de incienso, la gente inunda las calles y se disfruta por un tiempo de toda la ciudad, como escenario de una película que cada año se estrena con diferentes actores, pero con un guión muy parecido y que socava el cauce de la tradición centenaria.

Espero que sirvan estas palabras para que cualquiera que no haya tenido oportunidad de vivirla, verla y olerla, sienta el interés por hacerlo cuanto antes. Seguro que no saldrá defraudado. Garantizado.

Seguimos caminando...

1 comentario:

Alberto Granados dijo...

No es un tema que me emocione. Ni soy religioso ni veo en el arte sacro más que un afán propagandístico que me irrita. Hacemos que nuetros hijos pequeños miren para otro lado cuando se encuentran con algo sórdido y en cambio los instamos a mirar toda una explosión de escultura gore, con sangre, lanzadas, espinas, gestos agónicos... ¿En qué quedamos?
Las semanas santas (para mí, paganas) suelo pasarlas en Calahonda y si el tiempo no acompaña, me quedo en casa y evito encontrarme con los desfiles.
Un abrazo,

AG

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